Esta semana, casi todos los post que debería poner deberían ser sobre Cassiel y Arael, aunque supongo que nadie entendería de qué van esos dos. ¿Por qué Cassiel está siempre encadenada? ¿Por qué solo ella puede ver a Arael? ¿Por qué le tiene tanto asco?
Vayamos por parte, dijo Jack el Destripador.
El jueves se cumplirán dos años desde la muerte de un gran amigo, Tana. Era joven, amable y prometedor. Iba a entrar a estudiar Medicina, quería ser pediatra, si mal no recuerdo. Un accidente de tráfico borró dieciocho años de sueños, ilusiones y promesas como si no fueran nada. Una familia entera se vino abajo, se destrozó. Mi mejor amigo, su hermano menor... ¿Qué puedo decir? Siempre había sido tendente a deprimirse, pero de pronto ninguno de nosotros dos le encontraba sentido a vivir. Era sorprendente cómo en medio de un mar de dolor lo que más nos asaltaba era esa pregunta: ¿de qué sirve seguir adelante, hacer cosas productivas, ser buena persona si los humanos somos tan... frágiles? ¿Por qué seguir adelante, si al mundo le da exactamente igual el dolor de otros?
Arael está basado en Tana, sí, pero Cassiel no solo soy yo. Cassiel es también Yure, su hermano menor. El que, en sus ataques de rabia, golpeaba cosas, se golpeaba a sí mismo, se hacía más daño a él del que hacía al mobiliario. En un momento, podía ser un torbellino de rabia que golpeaba paredes y pateaba armarios al tiempo que gritaba, para que después, de golpe, se tirara en la cama a llorar en silencio. Por horas. Se le acababan las lágrimas y él no se movía. A veces cogía la ropa de Tana, la abrazaba y la olía antes de volver a llorar.
Es doloroso recordarlo incluso ahora.
Me habría gustado poder desahogarme de aquella forma en cuanto lo supe. Y aunque aquellos días me sentí mal, triste por su partida, no fue hasta el año pasado cuando me di cuenta de que realmente ninguno de nosotros iba a volver a ver a Tana. Que las tardes jugando al Dance Dance Revolution en su salón, las guerras de palomitas dulces o los días en el parque Doramas intentando enseñarnos a jugar Magic sencillamente no iban a volver. Fue... deprimente, sí, esa es la palabra.
Ahora Yure está a pocos meses de cumplir dieciocho años y empieza la universidad en un nuevo país, lejos. No creo que volvamos a vernos. Lo único que nos queda es que Tana, Arael, sí nos pueda ver.
Porque lo echo de menos. Y el tiempo no está cerrando esta herida.
Así es eso: Cassiel siempre está encadenada para evitar que se mate, porque no tiene ganas y motivaciones para seguir viva. Solo ella puede ver a Arael, pero no sabe si es él de verdad o si es solo una ilusión. Le tiene asco porque la está torturando, porque ella sabe que Arael no está vivo pero igualmente ella puede verlo. Le deja la duda de si de verdad está ahí o si tan solo es que ella se ha vuelto loca.
Yo estaría muy feliz de volver a ver a Tana, aunque eso significara que estoy loca, pero en fin. Para gustos los colores.
Post para depurar el alma. No me tachen de demente, por lo menos no todavía.
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1 maullidos:
Estás más cuerda que muchísimas personas.
Ahora me gustan más tus cuentos porque la verdad es que antes no lograba ver que se entretejía en tus textos, simplemente lo había asociado con un estado de ánimo y había sacado unas conclusiones muy pobres.
Un saludo
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